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Gobierno gansteril

Los nombramientos son motivo de desaliento. A la Secretaría, un integrante de la Ecuación Corrupta, que extorsionaba ediles para blanquearles sus cuentas. A Finanzas, un responsable de diversos delitos, voraz y corrupto. A la Fiscalía, otro corrupto y cínico.

Juan José Rodríguez Medina, el Tigre, Pulso Diario de San Luis

Nos aguardan tiempos difíciles, sombríos. Hay ocasiones, y ésta es una de ellas, en que lo que más deseo es equivocarme en mis ejercicios de prospección. Ojalá así ocurriera y no dudaría un segundo en reconocerlo y disculparme. En este momento en que escribo, simplemente no encuentro nada que anime a un pronóstico optimista. Los elementos que empujan a la visión pesimista son abundantes, densos.

Para empezar, muchos de los pre nombramientos anunciados hasta ahora, con todo y las modificaciones registradas, no son otra cosa que motivo de desaliento. A la Secretaría General de Gobierno, un fundador e integrante conspicuo de la tristemente célebre Ecuación Corrupta, que desde el Congreso del Estado extorsionaba alcaldes para blanquearles sus cuentas públicas. A Finanzas, se perfila un individuo que además de formación escasa en la materia es mencionado en carpetas de investigación como presunto responsable de diversos delitos y en los distintos cargos por donde ha pasado ha dejado huellas inconfundibles de voracidad y corrupción. A la Fiscalía General del Estado, si las pistas ofrecidas no son falsas, irá un discípulo aventajado del Gran Recaudador, que entre sus compañeros del Poder Judicial es unánimemente señalado de corrupto, cínico y otras linduras por el estilo. Estas son tres de las cuatro o cinco posiciones más importantes del futuro gabinete.

Llegado el improbable momento de un reclamo social, Gallardo Cardona podrá decir fríamente: Se los avisé con tiempo, les mandé múltiples señales y callaron como momias.

Quienes conocen bien al general Guzmar Ángel González Castillo, lo describen como un militar muy profesional, serio, responsable y competente. Lo identifican también como un hombre honorable. El anuncio de que sería invitado a hacerse cargo de la Secretaría de Seguridad Pública del Estado mereció buenos comentarios. Hasta hace un par de días, en el entorno cercano al general se hablaba de que si asume el cargo lo hará en cierta forma bajo protesta: le negaron la facultad de designar a los que probablemente resulten ser sus principales colaboradores, y le impusieron a José Luis Urban Ocampo en la Dirección General de Seguridad, y al ex director Jurídico del penal federal de Ocampo, Leobardo Aguilar Orihuela, como director del C5i2. Este último laboró en la prisión guanajuatense cuando permaneció internado ahí varios meses Ricardo Gallardo Cardona, y seguramente en pago de favores ya lo había traído a hacerse cargo de la Policía Vial del Ayuntamiento capitalino en 2016. A echarse un remiendo, dirían en el barrio.

EL ESTILITO QUE ASOMA

A escasos días de que se inicie la nueva administración y se formalicen los nombramientos, comienza a aparecer una constante: en los cargos importantes donde se ha recurrido a profesionistas calificados, como sería el caso de la SSPE, aparecen en posiciones de segundo nivel gallardistas de cepa que no pasan la prueba del polígrafo. Recién se ha notado en los Servicios de Salud, donde se anunció para la titularidad al doctor Daniel Acosta, de prestigio y consenso entre los profesionales de la medicina, la presencia autoritaria del doctor Juan Carlos Negrete Ayala, todavía o hasta hace muy poco jefe de Servicios Médicos en Soledad y accionista importante de la empresa Axioma Kusuri, expedientada por ser cómplice de un fraude millonario en Interapas.

Llama la atención lo que de entrada pareciera un desorden de prioridades gubernamentales. Hay urgencias en áreas sensibles para los intereses de la ciudadanía. Cito dos: el déficit presupuestal que aherroja al Hospital Central y las dificultades financieras que están a punto de convertirse en una seria crisis en la UASLP, que durante los últimos seis años no logró ningún incremento en los recursos estatales que recibe, al grado de estar convertida en la universidad más dependiente de los apoyos federales que hay en el país. Frente a necesidades con una orden de prelación tan clara, no deja de sorprender que Gallardo Cardona anuncie que destinará 150 millones de pesos al parque Tangamanga, que dicho sea de paso está bastante bien conservado y no enfrenta urgencias mayores.

¿Pérdida de la brújula? No creo. Más bien tiendo a pensar que se trata de la aplicación sublimada del apotegma hankista: «Entre más obra, más sobra». Ni modo de pedirle moche al Morones Prieto o a la Autónoma.

En esa misma sospechosa línea de razonamiento, cómo ignorar otras declaraciones de RGC en el sentido de que si solicita un crédito por miles de millones de pesos, no los destinará a cubrir salarios o prestaciones (alguien que le explique que además no puede, por ley) sino a invertir en obras, sobre todo de infraestructura.

Todo será cosa de poner la lupa sobre los nombres, fechas de creación, socios o apoderados y ubicación de las empresas constructoras que en su momento resulten beneficiadas con los contratos correspondientes.

Menos perceptible pero no inexistente es un cierto ánimo vengativo, que alentado por detentadores de poder se vuelve extremadamente peligroso. Todavía no se sienta en la silla y, por solo citar un caso, el próximo Secretario General de Gobierno ya amenazó con que le van a cancelar el fiat a siete notarios de esta capital, comenzando con el prestanombres de Cándido, en la No. 32, porque «se le olvidó» de quién es realmente la patente.

A ratos se siente también un fuerte tufo a resentimiento, que no me acaba de quedar claro si es social o político, o una combinación de ambos.

El servilismo colectivo nunca ha ofrecido buenos frutos. Hago énfasis en la palabra colectivo, porque no son extraños los casos de agachonería individual que reditúan mejoras laborales o económicas. Cuando son grupos, que además se dicen representativos de sectores sociales importantes, esa denigrante y desagradable vocación servil al final del día solo sirve para alentar los abusos; es una forma de complicidad espontánea, muchas de las veces ni siquiera solicitada y menos agradecida. ¿Pagada? Con migajas, ya lo verán.

Hace ya meses que la indignidad de muchos de nuestros coterráneos ha dejado de ser un defecto del alma para convertirse en una irresponsable y peligrosa forma de propiciar que se multipliquen los excesos de autoridad, los abusos con las finanzas públicas como sea que se inviertan. Que nadie se sorprenda si los beneficiarios de ese feo comportamiento colectivo se sienten implícitamente autorizados a despacharse con la cuchara más grande que encuentren.

Tema para otro día, hay que diseccionar el hecho de que al mismo tiempo que nuestra vida pública se manchaba de servilismo, nuestra política se infectó de cobardía. Hay episodios que más que vergüenza producen una mezcla indescriptible de tristeza y asco.

Formalizado anoche el fallo de la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación que decreta la validez de la elección de gobernador, y asumido que en las más altas instancias de la autoridad federal lo que prevalece es un pragmatismo descarnado, preparémonos para un nuevo momento estelar de nuestra vieja tradición de innovar en política, en legislación, en actos de gobierno y en creación de instituciones públicas. Preparémonos pues, decía, para ser conducidos a la grandeza por un gobernador con un robusto expediente delictivo y carcelario, con una deformada visión de prioridades y un muy escaso bagaje de ilustración.

Demos luego gracias a Juan Manuel y aplaudámoslo a rabiar.

Escribo después de haber seguido la transmisión de la sesión pública del TEPJF, doce horas después de lo que acostumbre hacerlo todos los miércoles, de manera que mis amigos editores ya deben estarse acordando de toda mi ascendencia familiar por estarles retrasando el cierre de una sección que de suyo se cierra temprano.

Antes de despedirme y a reserva de hacerlo pronto personalmente, envío desde aquí un abrazo solidario a mi estimado Pingo.

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